01.May.2011 La trabajadora del hogar se abrió camino para ser una licenciada
Compartimos con ustedes la entrevista a Dora Quispe, ex trabajadora del hogar y parte del equipo de La Casa de Panchita, quien el año pasado logró graduarse en Nutrición Humana en la Universidad Peruana Unión, gracias a una beca de estudios. La nota periodística fue publicada el 8 de abril de este año en el diario Helsingin Sanomat de Finlandia, y escrito por Marja Salmela, quien ha sido voluntaria de La Casa de Panchita. Agradecemos la traducción del finlandés aVenla Rainio.
¡Felicitaciones Dorita!
La trabajadora del hogar se abrió camino para ser una licenciada
Los estudiantes de intercambio ayudaron a Dora Quispe a realizar su sueño.
Lima. Es domingo en Lima, la capital de Perú. La Casa de Panchita, un espacio para la capacitación y consulta de trabajadoras del hogar está lleno de mujeres y niñas.
En una de las salas hay un taller de arte, coordinado por Dora Quispe, 27 años, que está sonriendo tímidamente. Cuando era jovencita Dora tenía el mismo sueño que tiene cada chica finlandesa: estudiar y llegar a ser algo.
Ya que su familia era pobre, no fue fácil empezar a estudiar. Sus padres se habían mudado del campo a Lima cuando eran jóvenes. Ninguno de los dos pudo ir al colegio porque fue necesario trabajar mucho para ganarse la vida. Su madre trabajaba en servicio doméstico.
“Ella también había soñando con los estudios, pero nacieron tres hijos en la familia y tuvo que abandonar sus sueños”, cuenta Dora.
Su padre se ganaba la vida trabajando a tiempo parcial en un taller mecánico.
En consecuencia, cuando tenía 15 años, Dora empezó a aprender las tareas domésticas, con la ayuda de su madre, después de terminar el colegio en el año 2000. La chica perseverante se empeñaba en trabajar duro durante el día limpiando las casas de familias acomodadas y por las noches iba al colegio para estudiar.
“Los tres años fueron muy duros. Me pareció como si mi sueño se escapara más lejos todo el tiempo”, recuerda Dora.
Una familia tras otra se negaron pagar su sueldo con el pretexto de que Dora estaba ausente de su trabajo por las noches. Sus estudios amenazaron detenerse ya que sus padres no podían pagar la matrícula. Justo cuando la situación parecía estar peor, Dora encontró un pequeño aviso de La Casa de Panchita en un periódico.
“Me pareció increíble encontrar un lugar donde se ayudaba a personas como yo.”
La Casa ofrece cursos gratuitos y también se da consejos sobre cómo hacer un contrato de trabajo. Además, los abogados ayudan a las trabajadoras a recuperar los salarios de los empleadores, cuando han dejado de pagarles.
Esta joven empezó trabajar como voluntaria en la Casa coordinando talleres y ayudando en la biblioteca. Asimismo, Dora fue contratada por una nueva familia que la trataría como si fuera uno de sus miembros.
Al comienzo todo fue bien, pero después la familia la exigió que hiciera horas extras más frecuentemente. Ella no tuvo vacaciones y no la dejaron viajar a su casa ni siquiera para la Navidad. Finalmente le dejaron de pagar su sueldo.
“En ese momento me atreví a pedir el pago de las horas extras de los últimos dos años. Ya mi autoestima había aumentado lo suficiente”, cuenta Dora.
También tuvo el valor de hablar sobre sus sueños de estudiar con Blanca Figueroa, la fundadora y presidenta de La Casa de Panchita. Además, las estudiantes finlandesas, que realizaban trabajo voluntario en la Casa, la animaron a estudiar.
Dora ya sabía la carrera que le interesaba más: la nutrición. A ella le había interesado el valor de la nutrición desde su trabajo en las casas.
“Cuando serví comida saludable a una mujer mayor que debía guardar cama, ésta se recuperó y cambió al mismo tiempo en una persona de mal genio”, cuenta Dora riendo.
El primer año Dora trabajó fuertemente en la cafetería de la Universidad Peruana UNIÓN, una universidad privada. A cambio de su trabajo ella no necesitó pagar la matrícula del año siguiente y así pudo empezar sus estudios el año 2008. Ella pensaba seguir trabajando en la cafetería durante el año siguiente, lo que hizo a media jornada. Sus días fueron muy largos, hasta de 16 a 18 horas.
Por suerte, acudió en su ayuda el Women’s International League for Peace and Freedom, que pagó su matrícula y pensión por $2,860 dólares (2000 euros). Asimismo, el grupo de apoyo al desarrollo, Naisliitto Unioni, también cubrió la matrícula y pensión los años siguientes. El último diciembre Dora Quispe terminó sus estudios y ahora está preparándose para una práctica de un año en el campo.
“Después de la práctica querría trabajar en un hospital para que pueda aconsejar a las madres sobre la nutrición saludable y sobre la prevención de enfermedades con ayuda de comida saludable.”




