08.Jun.2009 12 de junio: DÍA MUNDIAL CONTRA EL TRABAJO INFANTIL

Nuestras niñas y niños tienen el derecho a estudiar, no el deber de trabajar.

En el Perú, como en gran parte de Latinoamérica y el resto del mundo, el ingreso de niños y niñas a diversas actividades laborales -entre ellas el trabajo en servicio doméstico- se debe esencialmente a la situación de pobreza y pobreza extrema que empuja a las familias a colocar a niñas y niños para que sirvan en casa de terceros.

En muchos de los casos implica una drástica separación de su familia y lugar de origen, que los padres aceptan en la esperanza de que gocen de mejores condiciones de vida y de más oportunidades para su futuro.

Sin embargo, la verdadera situación de las niñas, niños y adolescentes, es que gran parte de ellos reciben como pago por sus labores solamente comida, trabajan más de las 8 horas permitidas a un trabajador adulto, no poseen un lugar de descansoprivado, no estudian o asisten muy poco a la escuela, no tienen tiempo para sus tareas escolares, no son revisados periódicamente en un centro de salud, no poseen horas de recreación y gran parte del tiempo están recluidos en la casa de sus ‘empleadores’ (que en algunos casos son parientes o ‘padrinos’ que viven en las ciudades) con la excusa de no exponerlos al peligro de las calles.

Esta situación se recrudece en el caso de las niñas en TID. Para ellas la jornada suele ser más prolongada y de mayores responsabilidades, sustentado en un asunto de roles de género discriminatorios donde las niñas son asumidas como las encargadas de las tareas del hogar y el cuidado de otros niños menores que ellas, por lo que el caso de decidir a quién se debe mandar a la escuela, los niños tienen la prioridad sobre las niñas.

Estos son sólo algunos de los problemas más evidentes del trabajo infantil doméstico. El más grave de todos es la aceptación social de esta actividad, tomÁndola de manera natural o no perjudicial para los niños y niñas de escasos recursos que la realizan, tergiversando las responsabilidades y derechos de la infancia: el sustento familiar y la crianza de los hijos es responsabilidad de los padres, y la mejor manera de que nuestras niñas y niños tengan mejores condiciones de vida y oportunidades es asistiendo a la escuela.

La visibilización, aceptación y acción frente a esta problemática es una tarea social conjunta. El Estado debe profundizar la lucha contra la pobreza, porque sólo la eliminación de las carencias en recursos materiales, en educación y salud podrá detener de manera sustancial el número de niñas y niños que se enrolan en el TID, lo cual debe ir de la mano al fortalecimiento de las instancias de protección para quienes aún se encuentran en esta ocupación, con una atención rápida y eficaz, así  como el cumplimiento de sanciones efectivas para quienes violen sus derechos.

Pero cada uno de nosotros es también parte de la solución. Debemos asumir un cambio en nuestras propias conductas, así  como en el interior de nuestras familias. No es posible continuar ignorando y tolerando el trabajo infantil doméstico. Hagamos algo ¡Ya!

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