20.Ene.2009 ‘Arte, juego y cosas de mujeres’: Mi experiencia con trabajadoras del hogar desde la Terapia de Artes Expresivas
Maité Rofes estuvo en La Casa de Panchita como terapeuta de artes expresivas viendo a la problemática afectiva de las trabajadoras del hogar, desde mayo hasta noviembre 2008, aplicando sus conocimientos adquiridos en la maestría de Terapia de Artes Expresivas, que actualmente estudia en TAE-Perú. Aquí les presentamos un artículo preparado por ella y desde aquí , nuestro sincero agradecimiento.
Un pequeño cuarto en la azotea del segundo piso de una casa en Jesús María, tapizón en el suelo, unas cuantas mesas astutamente improvisadas con tablones que yo me encargaba de desarmar y arrimar hacia las paredes, un equipo de sonido enchufado a la pared, cajas de óleo pastel, crayolas y a veces un poco de arcilla en el suelo, hojas en blanco, cartulinas de colores… y algunos rostros femeninos que me miraban con expresión de sorpresa. Más o menos así era el ambiente en el que me sumergí durante varios domingos, al promediar las tres de la tarde. Un espacio simple, sin necesidad de mucho, pero capaz de despertar y acoger cálidamente las más intensas emociones. Un espacio simple: un espacio sabio.
Arte, juego y cosas de mujeres fue como me provocó llamar a estos momentos de encuentro en los que diferentes grupos de mujeres trabajadoras del hogar que asisten a La Casa de Panchita, decidieron entregarse a la experiencia de convertir al arte en su amigo y aliado, permitiendo que éste las lleve de la mano por caminos de auto-exploración, expresión y transformación de su mundo emocional.
La Casa de Panchita me abrió sus puertas y tuve así mi primera experiencia como terapeuta de artes expresivas. La considero sumamente valiosa y nutritiva. Personalmente, me ayudó en mucho: re-encontrarme con mujeres trabajadoras del hogar, pero ahora como terapeuta; aprender a escuchar lo que ellas traían cada vez y a proponer no sólo desde mi aprendizaje teórico sino también, y sobre todo, permitiéndome confiar en mi sensorialidad e intuición; comprender que la sabiduría radica en la simpleza de las cosas y que el exceso de auto-exigencia puede causar interferencia con los propios ritmos de las personas.
Siento que el aporte para ellas también fue grande. Por lo general, mi primera invitación al arte estuvo centrada en la exploración de su movimiento. Algunos hallazgos en este sentido pueden contarse mejor a través de sus propias expresiones: ‘Qué bien me he sentido estirándome al máximo y luego dejándome caer con fuerza; era como si botara todo lo malo’; ‘me he relajado, voy a hacer esto más seguido porque a veces en el trabajo paro bien tensa’; ‘me gustó mucho cuando todas nos movimos al mismo tiempo, era como una danza de la naturaleza’.
También a través del movimiento se hicieron evidentes algunos conflictos internos que ellas traían. Por ejemplo, su timidez para proponer movimientos propios y diferentes a los que las demás hacían. Quienes lo intentaban, automáticamente lo abandonaban cuando se sentían observadas, como si no toleraran ser el centro de atención. Conversando con ellas, hablaron de las repetidas experiencias en las que fueron ridiculizadas por expresar sus ideas o gustos. Esto nos permitió reflexionar juntas sobre el valor que tiene lo que cada una de ellas quiere expresar. Más adelante, la imagen de un gran río que libremente fueron haciendo entre todas, les mostró algunas posibilidades de salida: ‘Queremos ser fuertes como este río; aunque hayan piedras y troncos, sigue avanzando’, ‘Sí, pues, el río suena fuerte, así tiene que sonar también nuestra voz’.
Esta fue una sesión preciosa y yo quedé muy conmovida al ver lo que el arte de la mano de las sabias metáforas que nos brinda la naturaleza- logró hacer.
Las artes plásticas también permitieron muchos hallazgos conmovedores. Por ejemplo, en cierta sesión se les planteó hacer una pintura sobre cómo se encontraba su mundo en estos momentos. Luego, al ubicarlas al centro y tratar de encontrar una forma que integrara los mundos, unas se dieron cuenta de que en sus mundos había algún elemento que otra necesitaba. Por ejemplo, una colocó el dibujo de su mundo, que tenía mucha lluvia, cerca del mundo de otra chica en el que todas las plantas habían sido calcinadas por el sol y la sequía, y donde sólo quedaba una flor muy débil. De pronto, otra chica acercó su mundo al dibujo que tenía lluvia, diciendo que el suyo tenía el viento necesario para que la lluvia se desviara hacia el mundo que necesitaba el agua. Esto me pareció magistral. Considero que fue uno de esos momentos mágicos en los que el arte -por sí solo- habló, transformó y mostró salidas. Luego hablamos de la importancia de buscar más adentro de nosotras para revelar nuestras fortalezas, y descubrir que nos hacemos más fuertes cuando las integramos con las fortalezas de otros.
Quiero terminar reafirmándome en la idea de que puedo confiar plenamente en el sorprendente potencial creador y transformador que el arte puede brindar a nuestras vidas. ‘Arte, juego y cosas de mujeres’ enriqueció a las trabajadoras del hogar:
- Brindándoles un espacio para expresarse, desahogarse y sacar hacia fuera a través del arte- aquellas vivencias que les causaron mucho dolor y que aún sienten que las aprisionan porque no han podido hablar de ellas.
- Animándolas a que, a través del juego y el arte, amplíen su imaginación y encuentren más matices a los colores. Esto les permitirá imaginar una vida diferente y superar pensamientos de resignación frente a hechos que las dañan.
- Ayudándolas a desarrollar confianza en ellas mismas, reconociendo sus fortalezas sin negar sus fragilidades, y buscando, más bien, que ambas se integren.
- Permitiéndoles descubrir que no están solas, que muchas personas han vivido situaciones muy parecidas y que es muy enriquecedor poder intercambiar sus experiencias y sensaciones. Esto despierta su sensación de estar acompañadas, lo cual es muy positivo para ellas.
- Ayudándolas a recuperar fuerza en su voz y a cuestionarse por los momentos en que no llegan a ser capaces de hablar y exigir lo justo.
- Posibilitando el reencuentro con su cuerpo, para atenderlo.
- Brindándoles, finalmente, la posibilidad de tener al arte como un gran amigo.