03.Dic.2008 Campo de Marte: vivir nuestra ciudad
Frente a hechos recientes como la privatización de algunas playas, han salido campañas necesarias buscando recuperar el libre acceso a los espacios públicos. Creemos que aprovecharlos y conservarlos es también una responsabilidad importante.
En este camino, el taller Déjame que te cuente sale a lugares de importancia histórica y de recreación, disfrutándolos y recuperando su memoria. El pasado domingo 21 de septiembre un grupo de quince personas visitamos el Campo de Marte, uno de los parques más grandes e importantes de Lima.
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Aprendiendo jugando
A pesar de que está cerca de La Casa de Panchita, algunas de las amigas nunca habÃan visitado el Campo de Marte, otras no iban hacÃa años (incluso décadas). Yo, viviendo cerca, no iba hace meses. Fue una grata sorpresa ver que en estos tiempos en los que Lima se vuelve puro cemento y edificios, todavÃa se preserva un parque enorme donde todos podemos entrar y divertirnos.
Antes de entrar, como para hermanarnos más con el campo, se dio una breve presentación. Fue primero el hipódromo de Lima antes de mudarse a su sede de San Felipe, eso nos permitió ver lo pequeña que era la Lima de comienzos de siglo XX: se mudó apenas 20 cuadras.
Pero la historia no es solo fechas del pasado. Ahora es un lugar donde la gente sale a correr, con canchas deportivas, cursos gratuitos de danzas y hasta un parque para perros. La vida es dinámica en este pulmón urbano que se ejercita con sus ciudadanos.
Recordamos cómo en el Campo de Marte de los 1950 los migrantes provincianos jugaban campeonatos deportivos, y que incluso algunos centros provinciales se fundaron allÃ. Nosotros también jugamos un partido de fulbito, tratando de acercarnos a esta época pero sobre todo porque el ejercicio es bueno y divertido. Entre patadas y zapatos voladores, mi equipo ganó 5 a 2, no vale picarse.
La vida, la poesÃa
Una sociedad es también lo que se escribe sobre ella. LeÃmos poemas para vivir el espacio en otras palabras. En el puente de la amistad peruano – japonesa (que se construyó en 1999 por el centenario de la inmigración nipona), sonó José Watanabe. En el monumento a César Vallejo estuvo uno de sus Poemas Humanos. El punto crucial fue la visita al Ojo que llora, la escultura de Lika Mutal en homenaje a las vÃctimas del conflicto armado interno, donde escuchamos a Luisa Fernanda Lindo y Mary Soto con sus textos sobre la guerra.
Finalmente, visitamos la feria de productos en sus toldos, donde alguna se interesó en hacerse leer la suerte en hojas de coca, aunque no nos contó qué le dijeron. Y algunas amigas soltaron su ritmo y bailaron saya en un curso gratuito del parque.
También viene
Pude ver alguna sorpresa por lo que encontramos, por tantas cosas que uno no ve, por lo extraña que es la poesÃa en la calle (ya es un poco rara la poesÃa sola) y por caminar en el laberinto del Ojo que llora. El domingo 28 conversaremos un poco sobre nuestra primera salida, viendo a dónde más ir y qué más podemos hacer. Seguramente encontraré más sorpresas, ojalá las amigas también y que sean gratas.
Los espacios públicos, como parques, playas, plazas y centros comerciales deberÃan ser para todos. Aprovechar estos lugares para entretenerse es parte de una vida ciudadana, ayuda a sentirse parte de una comunidad y ejercer nuestros derechos en ella. La visita del domingo nos acercó al Campo de Marte, al de ayer, al de ahora, y al que nos corresponde mañana.
Idealistas