03.Ago.2008 Chalequitos azules con los niños trabajadores del hogar
No hay duda que para la mayoría de ONGs en el Perú, el trabajo de los voluntarios nacionales y extranjeros es más que importante. Nos regalan su experiencia, su tiempo y sobre todo, comparten con nosotros sueños, esperanzas y ganas de cambiar las cosas.
La Casa de Panchita no es la excepción, por ejemplo durante el primer semestre del año hemos recibido 117 voluntarios entre peruanos y extranjeros, que en total han trabajado 7,203 horas (esta cifra forma parte del informe semestral de la AGTR).
Johana Reyes nos cuenta sobre un grupo de voluntarios que participan en 3 actividades de La Casa de Panchita con trabajadores infantiles domésticos (TID). Gracias a ellos y a todos los voluntarios que con su trabajo y cariño (sobre todo) logran que en La Casa de Panchita sigamos atendiendo a TID y trabajadoras del hogar, para hacer del servicio doméstico, un trabajo digno en el Perú.
La AGTR tiene varias cosas de las que enorgullecerse, sin embargo dudo mucho si algo puede superar a la habilidad de su equipo de trabajo: desde los que trabajan con las trabajadoras adultas hasta los que se las tienen que ver con los niños (trabajadores infantiles domésticos – TID), y es sobre ellos que voy a escribir.
Conozco el trabajo de La Casa de Panchita desde comienzos del 2005 cuando empecé como voluntaria y desde entonces quedé envuelta y marcada con las diversas actividades que hacemos con los niños, por ejemplo ahora cuando me preguntan por ellos dicen que son “mis” niños. Es curioso pero hoy más que nunca siento este vínculo casi de hermandad hacia ellos, al igual que las 18 personas que formamos parte del equipo que trabaja con los TID. Ahora los quiero presentar:
Alberto, más conocido como Beto. Visto de espaldas y de frente parece un niño más, risueño y listo para posar ante las cámaras cuando aparezco para tomar fotos de los niños (en las que curiosamente casi siempre aparece). Muy responsable y atento a que todo marche bien el domingo.
Carlos, el artista. Sin lugar a dudas un camarada de los niños y un protector de las niñas. Sus sentidos muy despiertos sobre todo cuando los niños están en el parque o si están de paseo.
Elena, Edith, Iris y Susel, a quien llamo “las hormiguitas” por su muy especial capacidad de organización y buen humor a la hora de hacer los materiales. Cariñosas y pacientes, pueden lograr verdaderos milagros trabajando lectura y escritura con los niños. Últimamente incluso han incursionado en el aprendizaje de flauta dulce, para que los pequeños aprendan a través de ellas.
Ceci, casi siempre dispuesta a sonreír aunque le toquen los niños más inquietos. Líder y carismática, el equipo confía en ella tanto como ella en el equipo. Muy observadora y dedicada, tiene la habilidad de teletransportarse desde el aula en la que los niños hacen una manualidad hasta el salón donde descansa un niño enfermo ¿cómo lo hace?.
Carmela, muchos sufrimos cuando casi tuvo que dejar el voluntariado, ¿dónde más encontraríamos alguien en quien los niños confíen? ¿Dónde puedes buscar una persona como ella, que se conecta tan bien con las niñas?
Aníbal, puede olvidarse los materiales, pero nunca los nombres de los niños. Querido y respetado por ellos y por sus compañeros de equipo, goza de un encanto que se me hace difícil de explicar. ¿Será acaso su encanto las cumbias que guardan en su celular y que pone a su equipo para animarlos al iniciar o terminar un domingo extenuante?
Merita, Delia, Beatriz y Jorge. A Merita ni el finés (su idioma natal) le ha impedido entender las jergas de los niños más grandes y de los que es una buena amiga. Delia llegó como caída del cielo trayendo a Beatriz, ambas, con sus estilos particulares, han sabido integrarse bien con los niños y niñas. Atentas y prestas a apoyar, ambas son parte indispensable de los domingos. Bea ya nos dejó además un recuerdo muy bello, es un mural que realizó con Jane.
Jorge, que llegó a subir el volumen de los domingos junto a su flauta dulce, que acompaña y deleita a los niños y adultos, con Diana en el cajón.
Vicky, que aunque con muchas pastillas encima para combatir una gripe que no se le iba, no perdió el buen humor y la alegría trabajando con las adolescentes que en un momento quieren una cosa y al otro quieren otra. Atenta y minuciosa, ha sabido meterse a sus niñas al bolsillo y ser su confidente.
Cynthia y Magaly, ambas son muy efectivas, basta que se diga algo que se debe hacer para que lo veas hecho realidad. Les gusta escuchar y también proponer. Las adolescentes gustan de escuchar las anécdotas de Cynthia y se sienten cómodas con la dulzura que irradia Magaly.
Carmen y Sonia, aún siendo bastante nuevas en el equipo, han sabido adaptarse rápidamente al tipo de trabajo. Les gusta aprender y de quienes primero han tenido lecciones es de las mismas niñas, las que las han acogido con mucha calidez.
Y Leidy, ex voluntaria pero ahora interna de psicología de la AGTR, siempre pendiente de cómo andan los niños y aunque ahora tiene otras responsabilidades los domingos (consejería psicológica, entre otros), sigue haciendo hasta lo imposible por almorzar con ellos y conversar algo más cuando los visita en sus casas de Pamplona.
Es un equipo grande y hermoso, las palabras siempre quedarán cortas, espero haya reflejado en algo el agradecimiento de La Casa de Panchita y de los niños hacia su trabajo.
Nos vemos este domingo en La Casa de Panchita.