11.feb.2008 El callejón oscuro de las trabajadoras del hogar
A veces vemos a las trabajadoras del hogar como robots que limpian la casa y hacen la comida, sin detenernos a pensar que son personas de carne y hueso. Y menos aún comprendemos que muchas de las trabajadoras guardan un doloroso pasado de violencia y agresión cuyas consecuencias las acompañan.
Quien crea que exagero, que lea estos testimonios de trabajadoras del hogar recogidos en La Casa de Panchita:
“Mi papá me encadenaba cuando salía a la calle, me dejaba encerrada. Una vez, cuando mi madre le dijo a mi papá que estaba embarazada, Él la pateó hasta hacerle perder su bebé. Mi papá abusó de mí, cuando yo era pequeña, en varias ocasiones”. (Y, de 25 años)
“Me crié con mi abuela. Mis padres me pegaban, no me trataron con afecto. Mis otros hermanos, cuando yo los iba a visitar, me largaban de la casa. Me decían: ¿Para qué vienes? TÚ no debes venir. Me jalaban el cabello. A mí me gustaba estar con mi abuela; el día que ya no la pude tener cerca, sufrí mucho. Ella fue como mi madre”. (A, de 30 años)
“Siempre quise tener un hermano, nunca tuve a nadie con quien jugar. Mis padres no me dedicaron el tiempo, siempre paraba sola en mi casa. La Única que estaba cerca era mi abuela, que ya falleció. Ese fue el momento más triste. Mis papas se peleaban constantemente, porque mi papá le engañó a mi mamá; por eso no me dedican el tiempo”. (C, 23 años)
Al sufrimiento pasado no le agreguemos nosotros más a su presente.