20.Feb.2008 De paseo con Nao

Mariane Maguiño, interna de psicología en La Casa de Panchita nos cuenta un divertido fin de semana al norte de Lima, con sus amigos y voluntarios de LCP.

Mariane:

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Regresaba a Chancay, al norte de Lima, después de casi medio año a visitar a mis abuelitos y a sus excelentes playas en las cuales pasé y disfruté casi todos mis veranos. Era un fin de semana en que buscaba aprovechar el esplendor del sol de febrero y había decidido invitar a unos amigos para que conozcan cómo es que me divierto los primeros meses del año, llamé a mi amiga Leidy, Noé, Janssen y a Nao, un amigo muy querido, que conocí en el voluntariado de La Casa de Panchita (LCP) hace un tiempo.

Nadie me falló, y eso me hacía intuir que todo saldría bien, llegamos el viernes por la tarde cuatro de los veraneantes, Nao me dijo que podía contar con Él, el sábado por la mañana.

Bueno les quiero contar algo de Él para que lo conozcan de manera un poco más precisa, o por lo menos lo que puedan recoger en estas líneas.

Naotoshi Ichiki, conocido en LCP como Nao es japonés, de un estado al norte. Estudia arqueología, y fue por esas inquietudes suyas y esas riquezas históricas y prehistóricas nuestras, que llegó al Perú. Tiene treinta años y no lo conocí en alguna huaca limeña o en algún centro ceremonial pre inca, sino, como ya se los dije, en LCP, donde llegó como voluntario mucho antes que yo. Me contó que estuvo un tiempo por Chile y no dudo que con la solidaridad y dedicación que siempre está presente en todo lo que hace.
Espero haber presentado, si quiera de manera decente, a este muchacho que se ganó en el desayuno del sábado la simpatía de mis otros amigos, la de mis abuelos y por supuesto, ya hace mucho tiempo, la de todos los que lo conocen en LCP. A Nao lo había invitado a las playas y el Castillo de Chancay, aún no se había bañado en costas peruanas, y creí que las playas de Chancay: El Puerto, Playa Chorrillos   y   La Viña, serían una buena presentación.

Ni bien terminamos el desayuno comenzamos a acomodar las cosas, y noté de pronto que dos de mis invitados pretendían ir a la playa con zapatos y pantalón  €“casi un crimen- e inmediatamente los mandamos a cambiarse como es debido para las circunstancias, “Tenían que ser Noé y Nao” expresó Leidy, y reímos. La playa estuvo excelente, primero antes de desordenarnos los cabellos y mojarnos la ropa, nos fuimos a tomar fotos al muelle, y después de un reconocimiento del lugar por parte de mis amigos, decidí llevarlos a la zona que a mí más me gusta, la parte sur donde termina la playa. Alquilamos una sombrilla para apaciguar algo el sol, dejamos las cosas y nos entregamos al ondulante ritmo del mar. En un momento sospeché que Nao no pretendía baÑarse, pero con Leidy, quien también colabora en LCP, le dijimos que con confianza podía darse un chapuzón, y fue suficiente sólo una bañada para que Nao termine desafiando las olas lleno de felicidad, y por supuesto, sabiendo que estábamos allí con Él.

Y como para no perder la costumbre, mientras descansábamos de rato en rato, le preguntábamos sobre Japón, cómo llego a Perú, qué había hecho durante el año que ya estaba por acá, sobre todo   cuando regresaba a apoyar en LCP, pues se le extraña muchísimo, además no existe domingo en donde no nos preguntemos “ ¿Dónde está Nao?”. Nao está haciendo unos estudios en una zona arqueológica en Huaral, norte chico de Lima, y ello hizo más factible su visita a Chancay. Después de la entretenida conversación, entre chistes y raspadillas, decidimos a regresar a la casa de mis abuelos, con mucha hambre y sed inevitablemente.

Pero parecía que después del almuerzo habíamos quedado aún insatisfechos ya que decidimos regresar a la playa, ahora a una más cercana, y los llevé no para bañarnos en el mar, sino en las chorreras de agua subterránea con las que cuenta esta pequeña playa a espaldas del Castillo de Chancay. Les hice jugar unos de mis juegos preferidos de niñez: el hacer posas con el agua de las chorreras,   todos me siguieron y aceptaron   las reglas del juego, es decir no permitir que el agua se rebalse para así crear un gran poso que nos permita bañarnos.

Allí comenzó lo bueno, cuando recordamos con Nao, Leidy, Noé y Janssen la niñez que nosotros pensábamos haber dejado atrás, pero no había sido así y comenzamos a jugar echÁndonos arena y agua, con mucho respeto claro, al final todos terminamos con arena en la cabeza, los oídos, por todos lados, pero contentos, esa era la cuestión, Nao se divertía con juegos que recién había descubierto, y eso me alegró porque desde que lo vi la primera vez en LCP me inspiró mucha confianza, confianza que se sientes cuando estas con tus amigos, y sin duda Nao, lo es.

Aquella tarde tenía que regresar Noé a Lima, lo fuimos a dejar al paradero y los que quedamos comenzamos a hacer planes para la noche. Eran ya las seis de la tarde y la plaza estaba hermosa con ese tono pardoso de las Últimas horas de la tarde, caminamos por las calles de la ciudad de mis padres con la paciencia y la contemplación que el buen día, el sol, la playa y la buena compañía nos había dejado.

En la plaza decidimos sentamos a descansar y contemplar como jugaban los niños, de pronto nos invadió un silencio que puedo decir con certeza: era a causa de los recuerdos que ese mismo día habíamos decidido guardar en un lugar especial de nosotros. Luego de un momento, nos miramos y comprendimos que nuestro día, así como para el sol había terminado y que los planes para la noche, simplemente quedarían en planes, pues lo Único que queríamos era descansar   y   reponer energías para dar el encuentro al sol que nos acompañaría al siguiente día, mientras disfrutáramos de las playas que aún faltaban visitar.

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