10.ene.2008 Adela

adela-1-13-01-08.JPGManu es miembro de nuestro equipo de trabajo, un entusiasta voluntario de Washington (Estados Unidos de Norteamérica) de ascendencia hindú.

Él ha querido compartir con nosotros este resumen sobre su visita a una trabajadora del hogar que vive en un centro para adultos mayores en el Rímac.
Gracias Manu.

On the surface, there is little to distinguish “Adela” from any one of the other residents at a home for the elderly in RÍmac, Lima. This elderly woman with the impish smile, razor-sharp sense of humor, and admitted addict of all things sweet could be anyone’s grandmother.

Originally from a town in the Andean region, Adela has lived all of her adult life in Lima, where she served as a domestic worker for many years. Having been separated from her surroundings for so long, she gradually lost contact with her loved ones.  Nearly three years ago, Adela was diagnosed with terminal cancer. This would be a terrible situation for anyone, but for someone with no social support and extremely limited financial means, it was even more devastating. She was not able to work and could not stay in her employer’s house, and had no money or health insurance. With the help of La Casa de Panchita, Adela was placed in an institution for the elderly, where she now receives regular medical attention, meals, and companionship from other residents.  Once a week, members of the team and volunteers from.

La Casa de Panchita pay Adela a visit it was during one of these visits that I met her. They meet with the medical staff to get the latest on her condition, and also bring her many of the necessities which the institution is unable to provide her. These include certain types of food (including sweets!), clothing, and sanitary undergarments. Adela, despite her incredibly difficult situation, is a delight to spend time with and somehow manages to lift the spirits of those who come to visit her. While Adela’s situation is different from most, it is not totally unique. Domestic workers, especially those without family and those who have been illegally denied benefits by their employers, often face crippling financial problems at the end of their careers.

Actualización: Nuevas fotos!!

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There are 2 Comments to "Adela"

  • Ignacio dice:

    Hola Francisco, muchas gracias por la traducción.
    El artículo de Manu trae muchas reflexiones, quizá la más importante es que la gran mayoría de trabajadoras del hogar no tiene beneficios sociales, sea por un empleador que no quiere reconocerlos o porque la trabajadora prefiere no tenerlos para que su sueldo no se vea recortado. Las consecuencias más terribles las vemos cuando por su edad o su salud, la trabajadora ya no puede laborar y no tiene cómo pagarse una consulta médica, una operación o las medicinas.
    Por eso desde la Asociación Grupo de Trabajo Redes y La Casa de Panchita, motivamos que las trabajadoras del hogar formalicen sus vínculos laborales a través de un contrato firmado por ellas y el empleador y que hagan valer sus derechos laborales y beneficios sociales.

    Saludos.

  • Francisco dice:

    A simple vista, habrían pocas características que distinguirían a “Adela” del resto de ancianos que viven en una casa de retiro en Rímac, Lima. Esta anciana con una bella sonrisa y buen sentido del humor, admite ser adicta a todas las cosas dulces, podría ser la abuela de cualquier persona.

    Originaria de un pueblo de los andes, Adela ha vivido toda su vida adulta en Lima, donde ha servido como trabajadora del hogar por muchos años. Habiéndose separado de sus familiares por mucho tiempo, gradualmente perdió contacto con sus seres amados. Hace tres años, Adela fue diagnosticada con cáncer terminal. Esta sería una situación terrible para cualquiera, pero para alguien sin apoyo social y con recursos extremadamente limitados, esto es aún más devastador. Ella no estaba en capacidad para trabajar y no podía continuar en casa de su empleador y no tenía dinero para atención médica. Con la ayuda de La Casa de Panchita, Adela fue llevada a una institución para ancianos, donde ahora ella recibe atención médica periódica, alimentación y compañía de otros residentes. Una vez por semana, los miembros del equipo de voluntarios de La Casa de Panchita realizan una visita a Adela -fue durante una de esas visitas que la conocí. Ellos van con el equipo médico para saber las novedades sobre su condición y también satisfacen sus necesidades que no pueden ser cubiertas por la institución que la cobija. Esto incluye ciertos tipos de comida (¡incluyendo dulces!), ropa y material sanitario. A pesar de la difícil situación de Adela, comparte su tiempo con nosotros. La situación de Adela no dista mucho de la propia de muchas trabajadoras del hogar. Ellas, especialmente aquellas sin familia y aquellas a quienes ilegalmente sus empleadores les han denegado sus beneficios, muchas veces deben de encarar crisis económicas al final de sus carreras.

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